
Resulta curioso que de una división provincial encargada por el rey Fernando VII a primeros del XIX haya surgido a finales del siglo XX el actual mapa de las autonomías. Porque se fraccionaron los antiguos reinos de España en provincias y en regiones, muchas de las cuales ni siquiera tenían ninguna referencia histórica. De esta forma se hizo algo que pretendía ser útil a efectos administrativos sin ninguna pretensión mas pero que nos está llevando a un camino de consecuencias nefastas.
La llegada de la democracia a España trajo consigo el disparate de intentar frenar los nacionalsocialismos catalán y vasco, residuos del fascismo en Europa, dando “café para todos” y creando un estado autonómico que, si bien buscaba una simple descentralización, a la postre creó un estado con diecisiete taifas independientes entre si y en muchos casos incompatibles. La Constitución votada mayoritariamente por los españoles refrendó un disparate que nadie imaginaba hasta donde iba a llegar.
El resultado no fue el esperado porque, no solo no se frenaron los nacionalsocialismos anteriormente citados sino que se potenciaron, creando además nuevos donde antes no existían porque los políticos vieron en ello un instrumento para acrecentar su poder.
En un mundo en que los transportes y las telecomunicaciones acortan las distancias, resulta absurdo descentralizar y mas aun en un país mediano como el nuestro. El carísimo estado de las autonomías no trae ninguna ventaja al ciudadano y si muchos inconvenientes. Nuestra España actual, está dividida, se persigue a las personas por razón de su lengua, la amenaza separatista cada vez es mayor, la descoordinación a nivel policial, sanitario etc., es impresionante y el costo económico extra según expertos es un 30% mas que el de un estado centralizado.
Hoy 28 de febrero celebramos (¿) el Día de Andalucía, en una región cuyos dirigentes siempre han sido los mismos, aquellos que llamaban “el trapo” a la bandera andaluza y “la momia” a Blas Infante, convertidos al nacionalismo con un ridículo estatuto que nos “consagra” como nación, cuando la realidad es que los andaluces actuales somos básicamente el resultado de la colonización de castellanos, leoneses y guipuzcoanos o sea que no tenemos entidad propia por mucho que algunos políticos paletos e interesados traten de asegurarlo. Pero es que no se es más por ser un nacionalista de la Sta. Pepis. Y es que, pretender en el siglo XXI volver a la época medieval es ridículo.
Yo hoy hoy no celebro nada. Más bien es un día de luto porque nuestra tierra no se ha beneficiado en absoluto con el Estado de las Autonomías dado que en la transición éramos la penúltima región de España y hoy en día seguimos en el mismo lugar. Porque nos gobierna el régimen mas corrupto que vieron los siglos, el socialista, y porque tenemos la oposición mas inane que podíamos imaginar.
Así que ni Estatuto de Autonomía, ni nación ni nada de nada. Yo me declaro ciudadano de España y propongo se cree un espacio donde los no autonomistas podamos vivir como españoles exiliados.
¿Autonomía?: no, gracias.