martes, 25 de febrero de 2014

Insultar a España, ¿sale gratis?



 
 
 



Ayer 24 de febrero, un ¿empresario? catalán tuvo un gesto feo con el Príncipe de Asturias durante una feria en Barcelona al negarse a dar la mano a D. Felipe de Borbón, representante en ese acto de España. Un insulto más a nuestro país alentado por el presidente de la Generalidad catalana y sus acólitos. La semana pasada un buque de guerra inglés enarbolaba la bandera de Gibraltar, aquella que los auténticos gibraltareños se llevaron a San Roque luego de ser expulsados de su pueblo. Bill Clinton se congratula de la parodia de los llamados verificadores. El Gobierno suelta a los asesinos y permiten que Gibraltar esté en la UEFA, etc.

Con Zapatero nuestras tropas sitas en Irak fueron despedidas  imitando los cacareos de las gallinas. El rey de Marruecos al entonces presidente del gobierno, lo recibió con una bandera gigante de su país y una pequeña de España, etc.

Jamás en la Historia de España se han tenido que soportar tantas muestras de indignidad. Una ¿derecha? acomplejada,  calla mientras que una izquierda, antiespañola, justifica lo injustificable.

La defensa de España, sus ciudadanos y sus símbolos ha de ser algo que se haga con firmeza e incluso que pudiera ser motivo de causa penal. No es cuestión de ideología política y eso se ve cuando hay partidos en el arco parlamentario  que sí defienden a España, independientemente de lugar del espectro político que ocupan.

Son los partidos llamado de “la Casta” los que supeditan sus intereses torticeros al bien y a la imagen de nuestro país.  Y ya es hora de reivindicar lo nuestro y defender lo que es el patriotismo: la lucha por el bien común de todos los españoles, para que  todos lleguen a un nivel de prosperidad digno, la defensa de nuestro territorio y nuestras fronteras y el no tolerar que nuestra imagen y nuestros símbolos se pisoteen. Se puede ser de derechas o de izquierdas pero por encima de eso está el ser español algo que es patrimonio de todos y no de un reducido grupo de extrema derecha como a veces malintencionadamente se ha intentado hacer creer.